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Historia del arte

Antes de San Ildefonso: los primeros ensayos del muralismo mexicano

Un recorrido por San Pedro y San Pablo y San Ildefonso, dos espacios clave para entender la formación del muralismo mexicano.

Por Redacción editorial5 min de lectura

Bajada. El INBAL sitúa el punto de partida del movimiento mural en la Escuela Nacional Preparatoria de San Ildefonso. El trabajo realizado poco antes en San Pedro y San Pablo permite ver que el muralismo se formó por etapas: primero como un programa de decoración vinculado con la educación pública y después como un espacio de experimentación colectiva.

Un comienzo con más de una fecha

En la narrativa institucional del INBAL, San Ildefonso ocupa un lugar de origen para el muralismo mexicano. La Escuela Nacional Preparatoria reunió a varios artistas jóvenes en 1922 y se convirtió en un escenario compartido de trabajo, discusión y ensayo técnico. Pero antes, en el templo de San Pedro y San Pablo, ya se desarrollaba un proyecto de decoración mural ligado a la política cultural de José Vasconcelos.

La nota de Gaceta UNAM califica Árbol de la ciencia o Árbol de la vida, de Roberto Montenegro, como obra precursora y Los signos del zodiaco, de Xavier Guerrero, como mural pionero. El Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), al recordar el centenario de San Ildefonso, presenta la experiencia de 1922 como punto de partida del movimiento mural y de la Escuela Mexicana de Pintura.

San Pedro y San Pablo: una decoración para la instrucción pública

La nota de Gaceta UNAM de 2021 sitúa el inicio del proyecto decorativo de San Pedro y San Pablo en 1921. Julieta Ortiz Gaytán, en un artículo de 2022, fecha en 1922 la contratación del equipo encargado de ejecutar el primer encargo. Gaceta UNAM relaciona la iniciativa educativa de Vasconcelos con la alfabetización y con el encargo de obras destinadas a la instrucción pública. En el templo participaron Roberto Montenegro, Jorge Enciso, Xavier Guerrero y Gabriel Fernández Ledesma, entre otros artistas y colaboradores. Ortiz Gaytán describe en el conjunto la convivencia de motivos ornamentales y referencias humanistas.

Entre las obras identificadas por la Gaceta están Árbol de la ciencia o Árbol de la vida, de Montenegro, y Los signos del zodiaco, de Guerrero. La nota califica a la primera como obra precursora y al segundo como mural pionero. Estas categorías permiten reconocer la relevancia temprana de ambas intervenciones sin resolver por decreto una discusión cronológica que depende de qué se entienda por mural, por obra pública o por inicio de un movimiento.

También conviene atender a la forma del encargo. San Pedro y San Pablo no fue solo el soporte de pinturas individuales; se concibió como un conjunto decorativo para un edificio asociado a la educación. Esa relación entre arte e instrucción ayuda a situar la obra en el proyecto cultural posrevolucionario. No demuestra, por sí sola, cómo distintos públicos recibieron las imágenes ni quiénes podían visitar el recinto. Afirmar que los murales llegaron de manera directa a «todo el pueblo» excedería lo que estas fuentes permiten sostener.

San Ildefonso: un taller compartido en los muros

En 1922, según el INBAL, Diego Rivera, Fernando Leal, Jean Charlot, Ramón Alva de la Canal y Fermín Revueltas fueron invitados a trabajar en San Ildefonso, entonces sede de la Escuela Nacional Preparatoria. Más adelante se incorporaron David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco. La institución subraya que en el proceso participaron ayudantes y que hubo conversaciones y debates entre quienes trabajaban en el edificio.

En San Ildefonso, los artistas experimentaron con técnicas como la encáustica y el fresco. No se trataba únicamente de colgar cuadros ampliados en una pared. Como lectura formal de esta práctica —más que como dato expreso en el boletín del INBAL—, cabe pensar que la superficie y la relación con el edificio formaban parte del problema artístico.

Las fuentes muestran distintas prioridades: en San Pedro y San Pablo, una decoración de orientación humanista vinculada con un programa educativo; en San Ildefonso, la colaboración entre artistas y la exploración técnica. Esta comparación es una lectura de los datos reunidos por la UNAM y el INBAL; no implica que todos los artistas compartieran una sola idea del arte o de la educación.

El muralismo como proyecto en formación

El INBAL destaca la experiencia colectiva de San Ildefonso como un laboratorio creativo y la presenta como punto de partida del movimiento mural y de la Escuela Mexicana de Pintura. San Pedro y San Pablo, por su parte, permite ampliar la cronología: antes del trabajo de 1922, el proyecto cultural de Vasconcelos ya ensayaba cómo integrar la pintura a edificios relacionados con la educación.

Mirar ambos lugares juntos desplaza una pregunta demasiado estrecha —«¿cuál fue el primero?»— y abre otra más útil: ¿qué condiciones hicieron posible que la pintura mural se volviera una práctica colectiva y pública? La respuesta no está en una sola pared. Está en una sucesión de encargos, espacios, artistas y decisiones institucionales que fue dando forma a un movimiento.

Por eso, «origen» puede nombrar una etapa y una interpretación histórica, no necesariamente una obra inaugural indiscutible. San Pedro y San Pablo fue un antecedente documentado; San Ildefonso, un momento decisivo de colaboración y experimentación. Juntos muestran que el muralismo mexicano no apareció completo: se construyó mientras artistas e instituciones probaban qué podía hacer la pintura dentro de la vida pública.

Referencias

Este artículo fue elaborado con asistencia de inteligencia artificial y sometido a un proceso de revisión editorial y verificación de fuentes. Este proceso no implica una revisión humana salvo que se indique expresamente.